11 de abril: El día que el mundo mira lo que yo vivo cada segundo

Hoy es el Día Mundial del Parkinson. Para muchos, es solo un lazo en la solapa o un titular que se olvida al cerrar el navegador. Para mí, y para miles de compañeros de batalla, es una sombra que no descansa, un eco que resuena en cada uno de mis pasos, todos los días y a todas horas.

La batalla que nadie ve

Ahora mismo, estoy en el comienzo. Si te cruzas conmigo, verás a un hombre común. No verás el temblor, pero yo siento el incendio por dentro. Siento cómo mis movimientos se vuelven pesados, cómo el lado izquierdo de mi cuerpo parece querer detenerse, cómo mi rostro empieza a perder esa expresividad que antes me definía. Siento el dolor y la rigidez.

Sé que llegará el día en que mi enfermedad dejará de ser un secreto. Conozco muchos casos de miradas de juicio en el supermercado o el metro, el estigma de quienes confunden nuestra falta de equilibrio con otra cosa. Por eso escribo esto: porque detrás del diagnóstico, seguimos estando nosotros. Personas con hijos que abrazar, padres que cuidar y sueños que no queremos que s e oxiden.

El coraje de un despertar cansado

Mi refugio es la bicicleta. Pero no os equivoquéis: no es fácil. La mayoría de las mañanas me despierto con un cansancio que pesa más que el metal, y tengo que recurrir a las reservas de mi alma para vestirme de ciclista y salir a entrenar. Lo hago porque el ejercicio es mi libertad, porque cada pedalada es un golpe de autoridad contra el destino.

Pedaladas de Coraje: Un viaje por Galicia y por el alma

He decidido convertir mi esfuerzo en un faro. Con "Pedaladas de Coraje" recorreré las cuatro provincias gallegas en siete etapas. No busco medallas; busco a esa persona que hoy está en su sofá, con el diagnóstico recién impreso en la mano, sintiendo que el mundo se ha terminado.

Yo estuve ahí. Pasé un año en esa oscuridad, perdido. Hasta que aparecieron en mi camino ángeles como Ida Stier y Jose Alberto Estrada. Ellos me cogieron de la mano y me enseñaron la verdad más importante: que el Parkinson no es el final de la vida, sino el comienzo de una nueva forma de luchar.